Mantener la identidad y avanzar sin temor a la discriminación.

03.02.2016 15:00

 

Batul Alhusein tenía ocho años cuando su madre la llevo a un gimnasio. Allí se enseñaba karate, ella y su hermano  empezaron en esta disciplina a la que, después de diez años, dedican al menos cuatro horas a la semana. Ella es cinturón negro 1 dan y anotadora. Entrena para mejorar en competición y llegar a ser arbitra en su disciplina. Sus referentes, en katas, son Rika Usami y Sánchez Sanz.

Batul nos dice que con el esfuerzo todo se puede. “No rendirse, aunque caigas, si trabajas un poco más lo puedes lograr”.  Esto le ayuda en su progreso deportivo, en un deporte donde se enseña el valor del respeto. El valor del respeto es para ella básico en este arte marcial. Respeto al oponente aunque se le golpea y respeto a quien arbitra aunque se este equivocando. En el karate se combate, no se insulta al oponente ni a quien arbitra.

Esta estudiante, universitaria de estudios árabes, atribuye a su disciplina deportiva que   hoy disponga de una buena forma física, unos hábitos saludables que la alejan de excesos con las drogas sociales, que le ha permitido conocer otras ciudades y personas que califica de maravillosas.

Le gusta pensar que es ejemplo contrario a quienes creen que la mujer musulmana ha de “estar encerrada en casa”, al fin de cuentas estereotipos de uno y otro lado.  Batul hace deporte, se ve reflejada en mujeres como las egipcias o marroquíes que han destacado por sus logros deportivos. Compatibiliza la religión con sus aspiraciones personales y se abre espacio en el mundo del karate.

Desde una posición humilde, por tener los pies en la tierra que no por sumisión, Batul Alhusein entrena para mejorar y así, quizás estar en el campeonato de España y quizás también ganarlo.